Drones cazados por águilas

Posted by on Abr 8, 2016 in Blog

Drones cazados por águilas

Los drones cazados por águilas son una nueva forma de blindar la seguridad aérea. Podría matarlo si quisiera, pero sus afiladas garras no hacen presa en el brazo del cetrero. Tampoco Jesús Gómez parece inmutarse cuando el pico de Frontera, una imponente águila real de cinco kilos, le roza la frente. Al grito de “¡jot!” el animal se lanza al vuelo, rendido ante la promesa olfativa del señuelo, un revuelto de conejo, pollo y codorniz que Jesús guarda en el bolsillo derecho de su chaqueta. A pocos metros de la rapaz, un dron altanero profana el cielo de la serranía madrileña con desafiantes y ruidosas piruetas. Frontera lo mira pero no reacciona. “Todavía no sabe lo que es, pero no tardará en averiguarlo”.

Drones cazados por águilas

Acabamos de presenciar la primera toma de contacto de drones cazados por águilas. Esta águila adulta con un vehículo aéreo no tripulado. Las rapaces de Jesús, naturalista de 53 años, han sido entrenadas para el control de la fauna y la conservación de los ecosistemas en España, allí donde una sobre población de conejos amenaza las cosechas o una plaga de palomas pone en riesgo la salud de una comunidad de vecinos. Nunca hasta ahora estas aves se habían enfrentado a que haya drones cazados por águilas. “Las águilas troqueladas [criadas a mano en cautividad] son fundamentales para mantener el equilibrio del medio ambiente”, asegura el experto.

Hace unas semanas, la policía holandesa había contratado los servicios de Guard From Above, la primera compañía del mundo especializada en el adiestramiento de aves de presa para crear los . Recuerda que aquella misma mañana se puso manos a la obra. “Compré un dron y con ayuda de un par de pilotos acreditados organizamos las primeras sesiones de entrenamiento”. El resultado fue tan alentador como escasamente rentable: las obedientes águilas lograron que el dron dejara de volar, eso sí, para siempre. “En unos dos meses las rapaces ya sabrán apresar el aparato y depositarlo en tierra firme”.

 

En una finca a las afueras de Madrid, Jesús dirige con absoluta discreción la primera y única empresa en España que aplica técnicas de cetrería para acabar con la temible plaga de altos vuelos tecnológicos. Tanto es así que el año pasado el Consejo de Ministros aprobó in extremis una ley que regula su actividad y prevé multas de hasta 225.000 euros a pilotos que hagan un uso imprudente de estas aeronaves durante conciertos y manifestaciones o en los aledaños de los aeropuertos. A pesar de la norma, Zarzuela está estudiando (confirman a Crónica fuentes cercanas a Casa Real) utilizar águilas para neutralizar los drones y que haya drones cazados por águilas que sobrevuelen las inmediaciones de la residencia de los Reyes, como ya ocurrió el verano pasado.

A Jesús no le extrañaría que pronto le sonara el teléfono. No hay nadie en España que ofrezca sus servicios. Tampoco sería la primera vez que, en sus más de 30 años dedicados a la cría de rapaces, colabora con el Estado en un proyecto “oficial”. Así lo atestiguan varias fotos junto al entonces príncipe Felipe, a quien conoció durante el rodaje de uno de los capítulos de La España salvaje. Entonces Jesús, discípulo de Aurelio Pérez, mano derecha de Félix Rodríguez de la Fuente, voló ante las cámaras de televisión un águila imperial en Sevilleja de la Jara y en Doñana. “Don Felipe es un hombre afable y cercano, muy preocupado por los entornos naturales de España”.

En unos meses, las rapaces de Jesús podrían ayudar a velar el sueño a don Felipe y doña Letizia. La Guardia Real, que no consiguió derribar ni capturar ninguno de los drones que el pasado 10 de julio se colaron en el recinto, descartó entonces la hipótesis de una amenaza terrorista, pero el hecho de que el incidente ocurriera de noche (práctica poco habitual entre los paparazzi) desconcertó al equipo de seguridad. Puede que se tratara de una simple gamberrada, pero los nuevos protocolos de seguridad obligan a extremar las precauciones y aguzar el ingenio, tal y como ha hecho la policía holandesa lo que llega a la opción de aplicar como medida de seguridad los drones cazados por águilas.

Jesús Gómez con ‘Frontera’, águila real de cinco kilos SERGIO GONZÁLEZ VALERO

Insiste Jesús en que él es cetrero “por la gracia de Dios”, como queriendo decir que no todo el mundo vale para este oficio milenario. “Hace falta estudio, preparación, disciplina, amor por los animales y mucha, muchísima paciencia”. También agallas. Cualquiera que se haya acercado a un águila real como Frontera, capaz de levantar un rebeco de 30 kilos antes de despeñarlo por el monte o de triturar con sus garras el cráneo de un zorro, entenderá el peligro. “Los errores en cetrería se pagan caros”, afirma mientras exhibe una colección de cicatrices. “Trabajo siempre con un guante de piel de bisonte americano, pero alguna vez el águila se me ha tirado al otro brazo o directamente al cuerpo y he sentido las cuchillas hundidas en la piel…”.

Las águilas de Jesús aparecen en varias películas (como Año Mariano, de Karra Elejalde y Fernando Guillén Cuervo), documentales (Viriato: Hispania) y anuncios de televisión (Iberdrola). También han desfilado por alfombras rojas (la última vez, durante la presentación en España de Las crónicas de Narnia: el príncipe Caspian) y participan en un proyecto social de Naturaleza Activa para ayudar a personas discapacitadas en terapias con psicólogos. “Las rapaces provocan una gran respuesta emocional en los pacientes, ya se trate de niños o de mayores. En tres sesiones pueden conseguir lo que a especialistas les lleva tres meses de trabajo”. Las características más sobresalientes de las águilas son su velocidad, su fortaleza y su gran precisión.

Para Jesús y su equipo su bienestar es una prioridad. Además de entrenarlas en la captura de drones, trabajan para minimizar los daños que puedan causar las hélices. “Aunque a simple vista no hay nada que nos haga pensar en un deterioro de las alas o las garras, hemos diseñado un protector de cuero y malla plástica para las patas”…

Frontera no tardará en aprender las lecciones de su adiestrador. El problema es que la presa no resulta atractiva para el depredador. “El aprendizaje se basa en reflejos condicionados. La rapaz sabe que no podrá comerse el dron, pero que detrás de la captura habrá siempre una recompensa. Al principio, el señuelo estará en el mismo dron y, poco a poco, iremos retirándolo hasta que aprenda el proceso. Después de 15 o 20 intentos, el águila sabrá que se trata de un simple juego”.

El precio de un águila entrenada para la captura de drones puede alcanzar los 30.000 euros en el mercado. Jesús prefiere no dar cifras, sobre todo después de que la Guardia Civil desarticulara en febrero una red criminal dedicada al tráfico ilegal de halcones. “Entonces se publicaron informaciones exageradas e inexactas y se vertieron sospechas infundadas sobre el colectivo de criadores”. Lo más importante, asevera el cetrero y naturalista, no es el precio sino el valor. “Un águila como Frontera no se vende, con ella me gano la vida y es el objeto de deseo de los servicios de seguridad”. Lo dice convencido de que algún día, no muy lejano, sonará el teléfono para que los drones cazados por águilas sean ya un elemento de seguridad real.

 

Post a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *