En unas semanas, una docena de estudiantes del curso de piloto de drones se transformará oficialmente en una nueva promoción de pilotos de drones. La lección de el día de hoy versa sobre los diferentes géneros de nubes y de qué forma pueden afectar al vuelo de estas pequeñas aeronaves por control a distancia, cuyo manejo se está afianzando como una nueva salida laboral.

 

Eso es lo que señalan los datos de la Agencia Estatal para la Seguridad Aérea, AESA. Para trabajar con drones hay que conseguir un título en una escuela autorizada para realizar el curso de piloto de drones. En España hay algo más de cincuenta. Después, hay que registrarse en la AESA, a través de un trámite que no tiene costo. Conforme este organismo, desde la entrada en vigor de la normativa que regula el empleo de estos aparatos en el mes de julio del año pasado, ya hay más de trescientos treinta y cinco operadores de drones registrados en toda España, incluyendo a empresas, autónomos y particulares. En el mes de febrero eran solo sesenta, con lo que en menos de medio año el número prácticamente se ha quintuplicado.

curso piloto de drones

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Y es que la lista de labores para las que se puede emplear un dron es extensa y va en incremento. Desde la revisión y mantenimiento de estructuras, edificios o bien tendidos eléctricos (como ya hace Endesa), pasando por la fotografía y la grabación de imágenes, hasta prospecciones, exploraciones arqueológicas, fumigaciones o bien el control del estado de maduración de cosechas a través de cámaras térmicas. En el futuro, conforme se amplíe la regulación, asimismo podría extenderse su empleo a tareas de seguridad, rescate y salvamento o bien el control de fronteras.

La Comisión Europea estimó el pasado julio que en una década la fabricación de drones civiles podría llegar a suponer el diez por ciento  de la facturación del campo aeronáutico, lo que significa un volumen de negocio de unos quince.000 millones de euros anuales y la creación de doscientos cincuenta.000 empleos para dos mil cincuenta.

 

Cursos piloto de drones, mercado en auge

Un abanico de opciones laborales que se abre y en el que, exactamente, desean hallar un hueco la mayor parte de los pupilos del Club de Vuelo TAS, al lado del aeródromo madrileño de 4 Vientos. Tras revisar las peculiaridades de las nubes hacen un receso en el que aprovechan para fumar algún pitillo y tomar refrescos para luchar el calor. Sus edades son muy heterogéneas. Son la sexta promoción que se marcha a graduar en esta escuela. Todos son hombres. Absolutamente nadie sabe explicar el porqué de este predominio masculino. “Pero estaría bien que se animara alguna mujer”, ríen.

 

curso piloto de drones

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Entre ellos hay emprendedores y múltiples desempleados. Otros son apasionados al aeromodelismo que procuran reunir su pasatiempo y su profesión. Uno de ellos es R. L., un desempleado cuyo sobrino hizo el curso de piloto de drones, logró un trabajo. “Eso me motivó a apuntarme”, comenta. “A mis cincuenta años trato de reinventarme en algo que considero que tiene futuro y que es algo muy novedoso todavía”, agrega.

 

Otros ya tienen un empleo, como E. Joven, dueño de una productora audiovisual. Ya antes trabajaba como administrativo. Fue despedido “con una buena indemnización”, que decidió invertir en adquirir los equipos precisos para montar su empresa. Tiene claro que ofrecer la posibilidad de grabar imágenes aéreas “marca la diferencia” y piensa que es buen instante para sacarse el título de conduzco de drones por el hecho de que “hoy en día, aun es algo pionero”.

 

Al oír la palabra “dron” a bastante gente le viene a la psique el campo militar, en el que se emplean en tareas de reconocimiento y bombardeo. No obstante, modelos pequeños de menos de veinticinco kilogramos, pertrechados con cámaras o bien otros accesorios, resultan formidablemente polivalentes para las necesidades de muchas empresas. Un dron básico, con capacidad para ofrecer servicios profesionales, puede valer algo más de 1.000 euros. El curso de capacitación para modelos básicos, en el Club de Vuelo TAS, cuesta entre 1.100 y 1.300 euros.

 

Ciertos semejan juguetes, mas están lejos de serlo. “Un dron es una herramienta de trabajo, a la que hay que tener tanto respeto como a una sierra de carpintero”, advierte D. R., instructor de la escuela. En verdad, en las clases prácticas, los pupilos usan cascos, lentes, chalecos y guantes anticortes. Prueba de que pueden ser peligrosos es el reciente accidente del vocalista E. Iglesias, que a lo largo de un concierto trató de manipular un dron en pleno vuelo y las hélices de la máquina le ocasionaron cortes en múltiples dedos.

 

Las temeridades y también infracciones cometidas con estos equipos pueden salir caras: de 4000 hasta 60.000 euros. Si se provocan daños materiales o bien personales puede incurrirse en responsabilidades civiles y penales. En un año, la AESA ha gestionado setenta y cinco propuestas de expedientes sancionadores: trece en dos mil catorce y el resto en los primeros 6 meses de dos mil quince. La mayoría, conforme el regulador, por el empleo irregular de drones en zonas urbanas y pobladas o bien sobre aglomeraciones de personas.

 

NORMATIVA VIGENTE

Los principios básicos que rigen la normativa de España sobre drones son exactamente los mismos que regirán la futura regulación europea, prevista para dos mil dieciseis. Este marco legal pretende, por una parte, facilitar el desarrollo de este prometedor campo y, por otro, asegurar la seguridad de las operaciones y de personas y recursos en tierra. Los drones son considerados aeronaves, y las reglas dejan claro que el operador de una aeronave tripulada por control a distancia es el responsable último de su empleo y de las consecuencias que pueda causar.

 

Hasta la llegada de la normativa hace un año, la utilización de drones se introducía en un vacío legal: era un fenómeno nuevo para el que absolutamente nadie había legislado. Cualquiera podía volar un dron, en cualquier parte, aun sobre núcleos urbanos. En la actualidad, está terminantemente prohibido volar drones sin los permisos precisos.

 

R. piensa que va a llegar el día en el que va a ser normal ver drones atravesar los cielos de nuestras urbes, si bien reconoce que para esto todavía hace falta desarrollar más medidas de seguridad y más legislación para definir mejor las reglas de empleo. “Esto es un mercado infinito que se está abriendo”, sostiene; “y bastante gente desea estar ahí, a ver qué pasa”.